Del artista Ricardo Fernández, es una exploración visual sobre la memoria, la intuición y la posibilidad de otras existencias. Desde un fondo negro profundo —entendido como origen y espacio de gestación— comienzan a surgir formas y símbolos que aparecen de manera intuitiva, como fragmentos de recuerdos que emergen desde un lugar difícil de nombrar.

A lo largo de la serie, estos signos han ido configurando un lenguaje visual propio. Figuras que se entrelazan y se agrupan evocando vestigios de historias, civilizaciones o experiencias que pudieron existir en otros tiempos o en otras vidas.

Cada obra funciona como un ejercicio de rescate: una búsqueda de imágenes que parecen permanecer ocultas en la memoria profunda. El espectador es invitado a recorrer ese tránsito desde la oscuridad inicial hacia la aparición de posibles recuerdos, completando con su propia mirada los relatos que estas formas sugieren. Más que representar, la obra propone una experiencia: un flujo continuo de signos que desafía jerarquías compositivas y celebra la saturación como forma de resistencia visual. En este sentido, el estilo se posiciona como un cruce entre lo intuitivo y lo sistemático, donde el caos aparente revela una lógica interna profundamente cohesionada. Este tipo de visualidad remite a prácticas como las de Keith Haring, donde la repetición de signos y personajes crea un lenguaje universal, cargado de ritmo.